Estando en atención al cliente llegó a mí una persona que estaba sumamente enojada por no ser atendida a tiempo. Se acercó y me expresó toda su bronca de un modo no muy amable que digamos. Yo solo atendía una recepción, no podía solucionar su problema, no dependía de mí en ese momento.
Me dijo muy enojada: ¡Como puede ser que no me atiendan todavía! No me pueden tener así... tengo que llegar a una reunión, la que organicé yo,porque soy presidente...etc. En ese momento dibuje una sonrisa en mi rostro y le dije muy asombrado: -¡Qué bueno! ¿Cuénteme como es eso de que es presidente?- En ese momento vi su rostro de interrogación y luego sentí como se relajaba. Se acercó hasta el mostrador se apoyó con un brazo en él, sentí que se decía así misma: -Esta es mi oportunidad de hablar de esto que me gusta-. Y se dispuso a contarme con mucha alegría lo que estaba haciendo y todos sus proyectos, sentí que estaba feliz de poder transmitirme lo que estaba viviendo, y como le emocionaban sus proyectos.
Pasó el tiempo, la llamaron para atenderla, y cuando salió me dio las gracias por escucharla. Al día siguiente me regaló una caja de bombones, Ja...
Me gusta recordar esto, porque en ese momento me di cuenta de lo importante que es escuchar más allá de uno mismo, digo más allá de uno mismo porque la otra actitud hubiese sido escuchar las voces en mi cabeza que me decían: -Si vos no tenés la culpa, que se cree esta persona para tratarte así; no dejes que te insulte; reaccioná, poné limites, tengo bronca...etc. Y mi reacción seguramente hubiese sido otra. Pero sin embargo me quedé con la satisfacción de haber escuchado y con una caja de bombones jaja...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario