En mi trabajo actual mis clientes se conocen entre sí por lo cuál mi jefe me ha dado un consejo que se grabó fuertemente en mí: “Nunca hables mal de un cliente cuando estés con otro cliente porque él pensará que tú debes hacer lo mismo cuando no estás con él”. Este consejo se hace muy fácil seguirlo cuando se trata de trabajo, pero sucede que entre amigos, conocidos y compañeros se torna un poco más difícil pues es muy fuerte la tentación de criticar a alguien cuando éste no está.
Cuando escucho de alguien una crítica sobre otra persona me sucede lo que me decía mi jefe, pienso que lo mismo debe hacer conmigo en mi ausencia por lo cuál esa persona me genera desconfianza, ni siquiera escucho lo que está diciendo simplemente pienso: ¡Qué fea persona! Y su imagen ya no me parece interesante, ya no es digna de mi confianza.
Por lo cuál coincido con Dale Carnegie en su libro Como tratar con las personas, que, cuando alguien critica a los demás a sus espaldas lo único que hace es definirse a sí mismo. Puede que se defina como alguien chismoso, como intolerante, como falto de compasión, se define como resentido o como envidioso,etc.
Hoy mucha gente se a volcado a la espiritualidad, muchos están en búsqueda, muchos practican la meditación. Y todo esto está bárbaro, pero yo me sumo a lo que dijo el Dalai Lama en su visita aquí por Argentina: “Es necesario que volvamos a la espiritualidad esencial, la espiritualidad que es común a todos, como la cortesía, la amabilidad, y el respeto”. Por eso amigo los invito a que volvamos a esa espiritualidad esencial del respeto por los demás.
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