"Y ni siquiera entiendo lo que hago, poque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco... En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero" (Rm 7, 15. 18-19) ¡Que genialidad la de San Pablo!
En otras palabras, deseo ser felíz pero, en su lugar, experimento infelicidad e insatisfacción. Es la gran paradoja de la humanidad...
Thomas Keating en su libro "Terapia Divina y adicciones", explica muy bien este dilema. Nuestra experiencia de vida en el primer septenio de existencia, queda registrada en el inconsciente -todos los traumas no resueltos-. Es esa realidad no resuelta "ni digerida" la que realmente nos "maneja la vida". Todas nuestras acciones y aún nuestras motivaciones hunden sus raíces en el inconsciente y desde "ese lugar oscuro" accionamos ("hacemos el mal que no queremos", diría Pablo). Luego toda nuestra vida, como en un círculo vicioso, es la repetición inconsciente de aquellos mecanismos de defensa y de aquellos actos compensatorios aprendidos durante nuestros primeros siete años de vida. Claro que en un grado de racionalización y justificación que nos mantienen "cómodamente infelices", viviendo en automático.
La "descarga emocional del inconsciente" revierte progresivamente esta situación. A través de ciertas prácticas de meditación (Ascensión de los Ishayas, Oración Centrante, Meditación Zen, Respiración Consciente, etc.) logramos -'y sin químicos'- liberar todo el trauma/stress alojado en el inconsciente. Logramos desmantelar toda esa coraza que nos impide experienciar la "plenitud que está en el centro de nuestro Ser, la plenitud que somos".
Finalmente, todo es cuestión de desaprender; de adquirir nuevos hábitos. Necesitamos paciencia, mucha paciencia para que el proceso sea natural, gentil y placentero.
Todo rio que desborda, tiende "naturalmente" a volver a su cause natural. Nadie le dice como hacerlo, está es su naturaleza. La felicidad es el estado natural del ser humano. Aún desbordado y confundido no renuncia a su "misión de ser felíz". Solo hay que permitir, buscar las herramientas adecuadas y "soltar toda espectativa", que es lo mismo que soltar el control de cómo, cuándo y dónde deben ser las cosas... Si quitamos todos los obtáculos mentales, "naturalmente" descansamos en "un lugar de paz", es lo que somos.
Con amor
Prasada Ishaya
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