La “compasión implacable”, que es justamente saber reconocer y ver en el otro su grandeza, su pureza, su belleza, ‘su divinidad’, independientemente de sus acciones y sus reacciones, tiene la fuerza de la ternura. Este acto compasivo es guiado por la sabiduría infinita y está motivado por el amor incondicional, atributos divinos ambas cosas.
El texto de un breve párrafo de un libro que estoy leyendo, tocó alguna fibra íntima de mi Ser, y experimenté tanta ternura y amor, que fue imposible no ponerme a llorar. Y algo más, inmediatamente me vino a la memoria una enseñanza de Francisco, algo que yo denomino “la pedagogía del amor”. Me emociona saber que tradiciones espirituales “tan distintas y distantes” coinciden en lo esencial: “el Amor todo lo puede”.
Les comparto párrafos de ambas tradiciones para que, ustedes también, al leerlos y experienciarlos, se consuman en la llama del amor…
LA FUERZA SANADORA DEL AMOR
Se dice que en cierta tribu de África cuando una mujer se queda embarazada se va a la selva con otras mujeres de su tribu para orar y meditar hasta que oiga la canción del niño que va a nacer. Entonces vuelven a la tribu y le enseñan la canción a los demás miembros. Cuando nace el bebé, la tribu se reúne en torno al recién nacido y le canta su canción de nacimiento. La vuelven a cantar cuando el niño pasa de la adolescencia a la edad adulta, cuando se casa y en el momento de su muerte. Pero hay otro momento en el que la tribu le cantará a una persona su canción. Cuando un miembro de la tribu le ha causado a otro lo ponen en el centro de un círculo en torno al cual se reúne la tribu y le canta su canción de nacimiento para recordarle su propia belleza. La tribu reconoce que el amor, no el castigo, es el remedio cuando uno se desencamina.
Fuente: PRESENCIA APASIONADA de Catherine Ingram
Capítulo sobre la Ternura; subtema sobre el Perdón (pp.71-72)
LA PEDAGOGÍA DEL AMOR
San Francisco enseñaba a sus hermanos el modo de comportarse con aquellos que “cometían pecados”, con aquellos que nos causaban sufrimiento.
Esto decía: “Y ama a los que esto te hacen. Y no quieras de ellos otra cosa, sino lo que el Señor te de. Y ámalos precisamente en esto, y no quieras que sean mejores cristianos… Y en esto quiero conocer si amas al Señor y me amas a mi, siervo suyo y tuyo, si procedes así: que no haya en el mundo ningún hermano que, habiendo pecado todo lo que pudiera pecar, se aleje jamás de ti, después de haber visto tus ojos, sin tu misericordia, si es que busca misericordia. Y, si no busca misericordia, pregúntale tú si quiere misericordia. Y, si mil veces volviera a pecar ante tus propios ojos, ámalo más que a mí, para atraerlo al Señor; y ten siempre misericordia de los tales.
Y no quiero ver pecado en ellos, porque en ellos veo a Dios…”
(Díganme, en esta enseñanza, dónde hay juicio?, dónde hay condena?, dónde hay deseos de cambiar al otro?, dónde hay un otro roto, quebrado, sucio, malo?, es más, dónde hay un “otro”?)
San Francisco de Asís, Escritos, Biografías y Documentos de la época
Por Prasada Ishaya
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